Miedo a hacer daño al bebé

Si has llegado hasta aquí, es posible que estés viviendo algo que te asusta y que te cuesta mucho poner en palabras. Lo que te está pasando tiene explicación y tratamiento. No es tu culpa.

¿Es normal tener pensamientos de hacer daño a mi bebé?

Sí, es más frecuente de lo que se habla: los pensamientos intrusivos de hacer daño al bebé son un síntoma conocido dentro del TOC perinatal y las llamadas fobias de impulsión. Generan tanta angustia, culpa y miedo que a muchas madres les resulta muy difícil compartirlos, y a menudo los viven en silencio. Que aparezcan no significa que haya algo malo en ti, y no es culpa tuya: surgen contra tu voluntad, no porque los busques. No estás sola en esto, y tiene solución.

No consigo quitarme estos pensamientos y me resultan horribles. ¿Qué significan?

Que te resulten tan horribles y ajenos es, precisamente, lo más característico de los pensamientos intrusivos: aparecen en contra de lo que quieres y por eso te remueven tanto. No son premoniciones ni deseos escondidos. Funcionan más bien como una alarma que se ha vuelto demasiado sensible y salta sin parar. Y aunque suene difícil de creer ahora, esa alarma tiene un sentido: es la forma que tiene tu mundo emocional de avisar de que hay algo dentro que pide ser mirado con calma, sin prisa y sin juicio, con delicadeza y con cuidado hacia ti. Vivir con esa alarma sonando todo el rato es agotador, y se puede calmar.

¿Significa esto que voy a hacerle daño a mi bebé?

No. Tener un pensamiento intrusivo no es lo mismo que querer hacerlo ni que ir a hacerlo: precisamente que te horrorice y que hagas todo por evitarlo va en dirección contraria. Es la pregunta que más angustia y la que casi todas las madres se hacen a solas. Lo que sí indican estos pensamientos es que hay un malestar que conviene mirar y atender. No para asustarte, sino porque tomártelo en serio es la mejor forma de cuidar de tu bebé y de ti.

¿Esto es lo mismo que "volverme loca" o que la psicosis posparto?

No, y es una diferencia importante. En estos pensamientos intrusivos tú sabes que son tuyos, te resultan ajenos y te angustian: ese rechazo, ese "esto no soy yo", es justo lo que los distingue. La psicosis posparto es otra cosa, mucho menos frecuente, en la que la persona pierde el contacto con la realidad. En ella también puede haber angustia, pero no nace de que el pensamiento le resulte inaceptable, sino de la propia vivencia distorsionada o de aquello que cree estar viviendo; la persona no lucha contra esos pensamientos, sino que los vive como reales. Que a ti estos pensamientos te horroricen y los sientas ajenos apunta a lo primero, no a lo segundo. Aun así, si en algún momento notas confusión intensa, ves o escuchas cosas que otros no perciben, o dejas de distinguir lo real, busca ayuda de inmediato: eso sí requiere atención urgente.

¿Por qué me está pasando esto a mí?

No aparece por casualidad ni por un solo motivo. En el posparto pueden influir muchas cosas a la vez: el cansancio y la falta de sueño, los cambios de este periodo, un embarazo o un parto difíciles, la falta de apoyo, la distancia entre la maternidad que imaginabas y la que estás viviendo, o experiencias de tu propia historia que hasta ahora no molestaban y que ahora se remueven. Nada de esto es culpa tuya, y todo puede mirarse y entenderse; de hecho, entender de dónde viene es parte de lo que alivia.

¿Puedo seguir cuidando de mi bebé? ¿Es seguro quedarme a solas con él?

Sí. Tener estos pensamientos intrusivos no significa que no puedas cuidar de tu bebé. Es muy habitual que, por miedo a ellos, empieces a evitar ciertos momentos —bañarlo, cambiarlo, quedarte a solas con él— y que eso te haga sentir aún peor y más lejos de tu bebé. Pero la evitación suele alimentar el miedo en lugar de calmarlo. Poder hablar de esto con alguien que lo entienda ayuda a que recuperes la confianza y la cercanía que sientes que has perdido.

Si lo cuento, ¿me van a juzgar o a quitar a mi bebé?

No: tener pensamientos intrusivos no te convierte en una amenaza para tu bebé. Este miedo es una de las razones por las que tantas madres callan durante tanto tiempo, y es entendible. Compartir estos pensamientos en un espacio profesional y de confianza es, al contrario, un gesto de cuidado hacia tu bebé y hacia ti. Cuando se deja de huir de esto y se empieza a mirar, entender y afrontar, es cuando por fin se sabe de qué se trata y se empieza a recuperar el control. Lo que da miedo no es contarlo, es quedarse sola con ello.

¿Se puede tratar? ¿Volveré a estar bien?

Sí. El miedo a hacer daño al bebé tiene tratamiento, y se sale de él. Estos pensamientos intrusivos, dentro de lo que se conoce como TOC perinatal o fobias de impulsión, responden bien cuando se abordan con el acompañamiento adecuado. En el proceso, todo esto que ahora resulta tan confuso y perturbador pasa a comprenderse y abordarse. Lo que hoy se vive como insoportable y sin fin es un estado, no algo definitivo: poco a poco la angustia baja, los pensamientos pierden fuerza y se recupera la calma. Pedir ayuda no es reconocer un fracaso, es el primer paso.

Qué son las fobias de impulsión

A veces, una madre empieza a tener un miedo obsesivo a que le ocurra algo malo al bebé: que se le caiga, que le pase algo por un descuido. Otras veces aparecen pensamientos o imágenes que irrumpen de golpe y horrorizan —ver una ventana y pensar "voy a tirarle", ver un cuchillo y pensar "podría hacerle daño"—. Estos pensamientos intrusivos pueden surgir ya durante el embarazo, en forma de ansiedad anticipatoria ("no voy a ser capaz") o de imágenes perturbadoras de accidentes. A esto se le llama fobias de impulsión, y se engloba dentro de lo que se conoce como TOC perinatal.

Son pensamientos profundamente abrumadores, y casi siempre traen consigo la misma pregunta aterrada: "si pienso esto, ¿significa que puede pasar?". La mayoría de las mujeres que los viven los guardan en silencio, por la angustia y la culpa que generan, y eso hace que muchas tarden en pedir ayuda cargando solas con algo que pesa enormemente.

Pueden tomar formas distintas. A menudo son pasivas —el miedo a hacer daño al bebé de forma accidental, como el temor obsesivo a que se caiga, sin que una lo provoque—, y son las más frecuentes. Otras veces son activas, cuando el miedo es a hacer daño de forma deliberada. Pueden aparecer también pensamientos de contenido que cuesta muchísimo nombrar, incluidos algunos de tipo sexual, que son de los que más soledad generan. Sea cual sea su forma, todos comparten la misma raíz: son pensamientos que irrumpen sin permiso, que rechazas, y que te hacen sufrir precisamente porque no te reconoces en ellos.

Por qué aparecen las fobias de impulsión

La explicación, en mi experiencia, rara vez está donde una la busca. Cada caso es diferente, pero por lo general las vivencias difíciles del pasado de la madre son detonadas por la experiencia con el bebé. El bebé es puro sistema emocional, y nos hace conectar con nuestro propio sistema emocional, que ha ido almacenando todo lo que hemos vivido como un disco duro perfecto. Ocurre igual que con los duelos, donde un duelo encadena otros que quedaron sin resolver: un estresor fuerte, como un parto difícil o la propia intensidad de los primeros meses, puede abrir o reactivar experiencias tempranas que creíamos lejanas.

Muchas veces ni siquiera tenemos recuerdo o consciencia de esas experiencias. Y ahí aparece una trampa frecuente: como no hay recuerdos, la persona da por hecho que el origen de lo que le pasa está en lo que puede ver dentro de su cabeza, en lo consciente, y se queda dando vueltas en bucles de fracaso, porque está apuntando a un sitio equivocado. Conviene recordar, además, que lo traumático no es solo lo que ocurrió: a veces lo más determinante es lo que debió suceder y no sucedió, aquello que una necesitó y no tuvo.

Cómo trabajo las fobias de impulsión

Mi forma de trabajar no empieza por el síntoma, sino por entender la historia. Comienzo con la Biografía Humana, una especie de mapa familiar con línea de vida, ordenado y basado en hechos, donde vamos reconstruyendo no solo lo que se vivió, sino también lo que faltó, y esas experiencias de desamparo o de negligencia que muchas veces quedaron tan normalizadas que ni se nombran. En ese recorrido suele ocurrir algo revelador: la persona empieza a ver que buena parte de lo que hoy piensa y siente ya estaba en ella mucho antes de que naciera su bebé. Y al verlo con sus propios ojos, comprende que el bebé no es la causa de lo que le pasa.

En ese trabajo van apareciendo también los sistemas de afrontamiento que la persona tuvo que desarrollar para sostenerse, y las creencias que construyó sobre sí misma —muchas veces sin ser consciente de ellas—. Comprender cómo y por qué se formaron es lo que permite empezar a mirarlas de otra manera.

A partir de ahí trabajo con EMDR para procesar esas experiencias —de desamparo, de negligencia, a veces de abuso—, de manera que puedan elaborarse nuevos significados sobre lo vivido. No siempre hace falta llegar a un procesamiento profundo; muchas veces, según se va deshaciendo la maraña paso a paso, las cosas empiezan a colocarse solas. Me apoyo también en ACT, para ir soltando la lucha, la huida y la evitación, y dar paso a una posición más serena y observadora.

Debajo de las fobias de impulsión casi siempre hay creencias profundas sobre una misma que, aunque racionalmente sepamos que no son ciertas, las sentimos verdaderas por dentro: "no valgo", "no puedo", "no soy suficiente". A lo largo de la terapia se entiende cómo y dónde tuvimos que construir esas creencias, que en su momento cumplieron una función protectora importante, y que suelen estar en la base de estos pensamientos.

Y hay una parte del trabajo que para mí es esencial: recuperar el poder y la intuición que toda madre lleva dentro y que, muchas veces, no ha podido salir porque la ansiedad lo invadía todo. Ese instinto no falta nunca; suele estar tapado bajo capas de alarma. A medida que esas alarmas se retiran, el instinto emerge por sí solo, el vínculo con el bebé se fortalece, y la madre empieza a permitirse poner en acción sus propias fortalezas, que estuvieron ahí desde el principio aunque al comienzo pareciera que no.

Como psicóloga perinatal y clínico EMDR (Practitioner EMDR Europe), con formación en trauma complejo, trabajo las fobias de impulsión no solo como un síntoma que hay que calmar, sino atendiendo las experiencias que pueden estar debajo. Si estás pasando por esto, pedir ayuda no es reconocer un fracaso: es el primer paso para empezar a recuperar la calma.

Información clínica y referencias

El TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), según el DSM-5, implica pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes e intrusivos, no deseados, que provocan angustia (obsesiones), y comportamientos o actos mentales que la persona se siente impulsada a realizar para reducir ese malestar (compulsiones).

Los pensamientos intrusivos de daño al bebé son muy frecuentes en el posparto: entre un 70% y un 100% de las madres describen pensamientos intrusivos de daño accidental, y aproximadamente la mitad refieren pensamientos de daño intencionado (Fairbrother y Woody, 2008; Collardeau et al., 2019). Aparecen tanto en mujeres con algún trastorno como sin él. El TOC perinatal propiamente dicho tiene una prevalencia estimada del 7,8% durante el embarazo y del 16,9% en el posparto (Fairbrother et al., 2021).

Estos pensamientos son egodistónicos: contrarios a los valores y deseos de la persona, que los vive con rechazo y angustia. Es importante subrayar que no existe asociación entre tener estos pensamientos intrusivos y causar daño real al bebé (Fairbrother y Woody, 2008; Fairbrother et al., 2022). Precisamente por eso, y por la frecuencia con que se confunden con otros cuadros, el TOC perinatal es frecuentemente infradiagnosticado; puede confundirse con una psicosis puerperal, siendo cuadros distintos que requieren abordajes distintos.

Referencias:

  • Fairbrother N, Woody SR. New mothers' thoughts of harm related to the newborn. Arch Womens Ment Health. 2008;11(3):221–229.
  • Collardeau F, et al. Maternal unwanted and intrusive thoughts of infant-related harm, obsessive-compulsive disorder and depression in the perinatal period. BMC Psychiatry. 2019;19:94.
  • Fairbrother N, Collardeau F, Albert AYK, et al. High prevalence and incidence of obsessive-compulsive disorder among women across pregnancy and the postpartum. J Clin Psychiatry. 2021.
  • Abramowitz JS, Schwartz SA, Moore KM. Obsessional thoughts in postpartum females and their partners. J Clin Psychol Med Settings. 2003;10(3):157–164.
  • Challacombe FL, Wroe AL. A hidden problem: consequences of the misdiagnosis of perinatal obsessive–compulsive disorder. Br J Gen Pract. 2013;63(610):275–276.

Artículo escrito por Josefina González Calvo, Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº M-27222 del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Clínico EMDR, especializada en trauma y psicología perinatal, con enfoque sistémico.

Texto divulgativo; no sustituye una valoración profesional. Si algo de lo que aquí se describe resuena y quieres explorarlo, puedes escribir sin compromiso.

Última actualización: 13 de agosto de 2026