Estrés postraumático TEPT
El trastorno de estrés postraumático puede aparecer después de haber vivido o presenciado una experiencia muy amenazante o traumática, como un accidente grave, una agresión, un abuso, una catástrofe o cualquier situación en la que la persona haya sentido que su vida o su integridad estaban en peligro.
Aunque el acontecimiento haya terminado, el cerebro y el cuerpo pueden seguir reaccionando como si el peligro continuara presente. Es frecuente revivir el recuerdo de forma involuntaria, tener pesadillas, evitar personas o lugares que recuerdan lo sucedido, sentirse constantemente en alerta, sobresaltarse con facilidad o experimentar una intensa ansiedad.
Estos síntomas no son una señal de debilidad. Son la consecuencia de que la experiencia traumática no ha podido procesarse e integrarse adecuadamente.
Cuando vivimos algo que supera nuestra capacidad de hacerle frente, tres zonas del cerebro dejan de trabajar como deberían: la amígdala, que detecta el peligro, se queda encendida; el hipocampo, que normalmente coloca los recuerdos en el tiempo ("esto pasó y ya terminó"), no logra hacerlo bien; y la corteza prefrontal, que frena la respuesta de miedo, pierde fuerza. El resultado es un recuerdo que no se archiva como pasado. Se sigue viviendo como presente.
Los síntomas pueden ser:
- Intrusiones: recuerdos que aparecen sin avisar, pesadillas, malestar físico al toparse con algo que recuerda al suceso.
- Evitación: de lugares, personas o incluso pensamientos ligados al trauma.
- Cambios negativos en el pensamiento y el ánimo: culpa, ideas distorsionadas sobre lo ocurrido, sensación de estar apagado por dentro.
- Alteración de la activación: estar siempre alerta, sobresaltarse con facilidad, irritabilidad.
Stephen Porges en su teoría polivagal describe cómo el sistema nervioso autónomo responde a la amenaza en una jerarquía de tres estados: primero intenta mantenerse en conexión social y calma (activación del vago ventral); si eso no basta, pasa a movilizarse en lucha o huida (activación simpática); y si tampoco es posible escapar, se apaga en un estado de bloqueo o desconexión (activación del vago dorsal). En el TEPT, este sistema de defensa queda descalibrado: la persona puede quedar atrapada en un patrón de hiperactivación —ansiedad, alerta constante, como si el peligro siguiera presente— o de hipoactivación —bloqueo, desconexión, sensación de estar "apagada"—, y ambos patrones tienden a repetirse después ante estímulos que ya no suponen una amenaza real.
Tratamiento con EMDR
EMDR ayuda al cerebro a procesar esos recuerdos que han quedado almacenados de forma disfuncional y a integrarlos en redes de memoria mas adaptativas, perdiendo su carga emocional y dejando de activar las mismas respuestas de malestar. Como consecuencia, la persona puede recordar lo ocurrido sin revivirlo con la misma intensidad emocional.